Revelar
la mirada.
Evgen Bavčar,
el fotógrafo ciego.
Por
Iván Alzate.
"Pertenezco a una generación desgraciada, resultado de
la Segunda Guerra Mundial, que ha perdido casi todos los ideales. En Eslovenia
conocí el comunismo, fuimos obligados a creer en esos ideales porque no había
otra cosa. En parís aprendí a reflexionar más dentro de mí mismo, conocí la
fotografía y su mística: ver las cosas con los ojos cerrados. He aprendido a
conocer los paisajes a través de los poetas. El Progreso, curiosamente, me
quitó la vista y me dio en cambio, la cámara fotográfica."
Hemos aprendido
a reconocer la autoridad, son variados los elementos por los cuales la
reconocemos fácilmente, en primera instancia, para occidente la familia será la
encargada de atribuirle a la figura paterna el carácter de
"autoridad", el padre es el encargado de velar por la estabilidad y
bienestar del hogar.
La pregunta
que sugiere la anterior afirmación no será otra diferente a: ¿porqué es en la
figura masculina en quien recae dicha autoridad?, de igual forma, la respuesta
evidente será: por qué es un reflejo de la cultura que la constituyo (construyo
la familia).
Si
pensamos en el poder como ejercicio, ¿la autoridad de qué depende en el caso de
la academia?, la ciencia se autoproclama objetiva y sin ideología (por tal
universal), pero ¿es cierta dicha afirmación?
Pensar
en las anteriores preguntas sugiere una disyuntiva no tan compleja, será fácil
rastrear la trayectoria de cualquier autor y sus batallas con sus pares
académicos (extrañamente hombres en la mayoría de los casos), esto nos dará
cuenta de su "autoridad".
Más
allá de lo anecdótico de la historia de Evgen Bavčar, varios elementos
distorsionan la comprensión de su ejercicio, ¿cómo un ciego puede ser fotógrafo?,
¿es solo el hecho de que se trate de arte lo que posibilita su accionar?
“Para mí, cineasta y etnógrafo, no existe
prácticamente ninguna frontera entre el film documental y el film de ficción.
El cine, arte del doble, es ya el pasaje del mundo real al mundo de lo
imaginario, y la etnografía, ciencia de los sistemas de pensamiento de los
otros, es una circulación permanente de un universo conceptual a otro, gimnasia acrobática en donde
perder pie es el menor de los riesgos”
(Rouch, 1981).[2]
Como se
menciono inicialmente a la cultura le atribuimos el accionar de la mayoría de
nuestras operaciones, como reflejo de la misma, sí solamente es la antropología
quien otorga el carácter de autoridad,
¿cuáles son los desplazamientos que ejerce el mundo del arte?, ¿cómo logra
escapar a la estructura?, En Durkheim[3]
(1985) la falta de reglas claras en la división del trabajo, determina una
relación anómica, en el caso del arte (más evidente en el arte contemporáneo), esta
falta de armonía en las funciones se convierte en la puerta de entrada de este
tipo de situaciones.
Si entendemos
la antropología como un campo consolidado de prácticas, instituciones y discursos,
que funciona bajo ciertos postulados (reglas claras), el hecho antropológico,
su objeto de estudio no proviene de la disciplina misma, parafraseando a Rouch[4]
lo etnográfico deviene en el acto de hacer circular los sistemas de pensamiento
entre universos conceptuales, de allí que lo que produce la antropología es
antropológico, en el caso del arte este ejercicio es un actuar.
Varias
razones que se daban, también nos conciernen aquí: 1) las maneras de hablar
usuales no tienen equivalencias en
los discursos filosóficos y no son traducibles a éstos porque hay más cosas en
esas maneras que en estos discursos; 2) estas maneras constituyen un reserva de "distinciones" y de
"conexiones" acumuladas por la experiencia histórica y almacenadas en
el habla de todos los días; 3) en tanto que prácticas
lingüísticas, manifiestan complejidades
lógicas inesperadas para las
formalizaciones eruditas[5]
De
Certeau, hace evidente que por más especializada que sea cualquier ciencia,
siempre existirá algo que escapa a las posibilidades del discurso, en el caso
del arte la mirada no es solo el acto o el sentido entendido desde lo fisiológico,
en el caso del fotógrafo ciego, la autoridad es conferida mediante la
circulación de sus imágenes, galerías y museos adjudican y avalan la calidad
del trabajo producido
El
carecer de vista (física) no implica una ausencia de mirada; la mirada es
entonces una construcción de la sociedad; aun cuando no vayamos a una escuela
para aprender a mirar, la cultura se encarga a través de sus producciones y
reproducciones encarnar algo más allá de la vista, solo es así posible que una
producción netamente visual sea elaborada por un no vidente.
Se propone
entonces una solución a la incógnita inicial, el arte hace, construye y no
necesariamente es consciente de habitar un territorio, no hay reglas absolutas
que determinen su accionar, es allí posible que incluso se mueva por
territorios de disciplinas que históricamente han atribuido para sí dichos
territorios, el hecho antropológico puede fácilmente nacer del accionar artístico.
Como respuesta
la disciplina movilizará sus discursos a producir antropología de estos
elementos; la crisis se hace evidente cuando intenta reemplazar su accionar
(texto escrito) por imagen en movimiento (cine etnográfico), pues ya se ha
acordado que el texto es "neutral", y es la forma más evidente de
fijar el conocimiento; por su parte la imagen en movimiento escapa a la
intención detener el mundo (principio del texto escrito), si bien, no es
tampoco la vida misma, adquiere dimensiones mayores por exceso de información
sin analizar.
Webgrafía:
[2] Grau. J. (2005). Los Límites de
lo Etnográfico Son Los Límites de la Imaginación. El Legado Fílmico de Jean
Rouch. Revista de Antropología
Iberoamericana, No. 41, Mayo-Junio 2005, pp. 1-20.
[3]
DURKHEIM, E.; La división del trabajo social; Ed. Planeta-Agostini, Barcelona,
1985.
[4] Grau. J. (2005). Los Límites de
lo Etnográfico Son Los Límites de la Imaginación. El Legado Fílmico de Jean
Rouch. Revista de Antropología
Iberoamericana, No. 41, Mayo-Junio 2005, pp. 1-20.
[5] . De Certeau, Michel; La invención de lo cotidiano, UIA, México, 1996 Capítulo I. Un lugar común: el lenguaje
ordinario. Una historicidad contemporánea. p 16
No hay comentarios:
Publicar un comentario